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EDUCAR CON INTELIGENCIA EMOCIONAL EN LA INFANCIA


Se puede definir brevemente a la Inteligencia Emocional como la capacidad que tenemos para gestionar, comprender o manejar nuestras propias emociones. La inteligencia Emocional nos ayuda a comprender lo que sentimos, a escuchar y a sentirnos bien con nosotros mismo. Sin embargo, a pesar de ser tan importante para nuestro día a día, la realidad que encontramos en la sociedad es que no se educa en este aspecto. Se priorizan otros conocimientos como la lectura y la escritura, conocimiento del medio, lógico matemática...


Así mismo, tenemos que tener en cuenta que todas las personas que participan en la educación de los más pequeños son los responsables de fomentar este conocimiento: familias, profesores, comunidad... y no es necesario crear momentos concretos para ello. En el día a día se dan muchas situaciones donde los niños y los adultos expresan sus emociones y hay que saber aprovechar esos momentos para enseñar y trabajar la Inteligencia Emocional.



Los objetivos de la Educación en Inteligencia Emocional son:


• Ayudar a conseguir una personalidad madura y equilibrada

• Favorecer el desarrollo del autoconcepto y la autoestima

• Desarrollar actitudes de respeto y colaboración

• Fomentar la capacidad de esfuerzo y motivación

• Desarrollar la tolerancia a la frustración

• Favorecer el establecimiento de relaciones con iguales

• Fomentar estrategias para la convivencia pacífica

• Favorecer la aceptación de la propia identidad y de las de los demás sin discriminaciones


La manera que tenemos los adultos de actuar ante situaciones de expresión de emociones de los pequeños pueden situarse en torno a cuatro comportamientos:


Evitación: se trata de no dar importancia a las emociones, considerándolas como algo malo que no se puede expresar.

Castigo: se trata de castigar cuando se expresa alguna emoción, sobre todo negativa como llorar. De esta manera, es el propio niño el que piensa que las emociones son malas.

Permisivo: se permite expresar cualquier emoción pero no se atiende o se analiza. Se trata de expresarlas sin aprovechar el momento para fomentar la educación, el control y el manejo de las mismas.

Educación positiva: se tienen en cuenta todas las emociones, tanto positivas como negativas. Se escucha lo que siente el niño y se les ayuda a buscar soluciones.


Por último, para poder fomentar la inteligencia emocional es importante que todos los responsables de la educación de los pequeños ayuden y colaboren en la educación emocional para ello, se pueden seguir las siguiente recomendaciones:


• Poner nombre a las emociones

• Animarles a expresar lo que sienten con palabras

• Conectar las emociones con lo que está pasando.

• Validar la emoción

• Ayudarle a buscar una solución.




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